El domingo 12 de enero, la icónica Capilla Sixtina se convirtió en un santuario de nuevos comienzos cuando el Papa Francisco bautizó a 21 hijos de empleados del Vaticano. La celebración, rica en tradición y llena de sincera sencillez, estuvo marcada por la ternura del Pontífice y el espíritu alegre de las familias presentes.
La celebración, rica en tradición y llena de sincera sencillez, estuvo marcada por la ternura del Pontífice y el espíritu alegre de las familias presentes. Una celebración para las almas más jóvenes Bajo la mirada de los frescos de Miguel Ángel, el Papa Francisco dio la bienvenida a la fe católica a Sofía, Vittoria, Tancredi Tito, Edwin Gabriel y otras 17 personas, enfatizando el papel central de los niños en los eventos del día. «Hoy, ellos son los que mandan», comentó el Papa con una sonrisa, invitando a los padres y a todos los presentes a abrazar un espíritu de servicio. Se animó a las madres a alimentar y consolar a sus bebés según fuera necesario, encarnando la atmósfera enriquecedora del sacramento. Rituales Sagrados con Toques Personales La «homilía» del Papa Francisco fue breve pero conmovedora, centrada en la esperanza de que estos niños «crezcan en la fe» y experimenten «verdadera humanidad y alegría dentro de sus familias». El servicio estuvo impregnado de tradición pero impregnado de la calidez personal que ha llegado a definir el papado de Francisco.
Acompañados por los cardenales Konrad Krajewski y Fernando Vérgez Alzaga, LC, los ritos bautismales se desarrollaron con reverencia y cuidado. Los pechos de los niños fueron ungidos con el óleo de los catecúmenos, sus cabezas fueron bañadas con agua bendita y sus frentes marcadas con el crisma sagrado. Los padres encendieron velas bautismales con la llama pascual, que simboliza la luz de la fe confiada a su cuidado. También se realizó el rito «Effata», que invoca la curación de Jesús de un hombre sordomudo en el Evangelio de Marcos, y los cardenales tocaron suavemente las orejas y los labios de los niños para simbolizar su apertura a la palabra de Dios y el llamado a proclamarla.
