Otra vez junio y julio, los meses de las notas. Tiempo de descanso escolar, de comienzo de vacaciones, de despedidas, de viajes. Tiempo de cosecha, de alegrías y de desconsuelos, de propósitos de la enmienda. Tiempo de revisión en todo caso.
Y este es el aspecto en el que me quiero fijar para este artículo, en la revisión. Está tan extendido esto de vivir deprisa que no nos da tiempo a pararnos en casi nada. Ya sé que no podemos salirnos de la época en la que nos ha tocado vivir, pero eso de ir siempre contrarreloj a mí me parece una fatalidad a combatir, más aún, un error porque viviendo de manera acelerada no hay manera de que las cosas importantes maduren ni tampoco de saborear la vida. ¿Se sabe de algo que necesitando madurar pueda hacerlo sin tiempo de reposo suficiente? Doy por supuesto que a la respuesta “no” le quedan pocas escapatorias. Aun así, cabe esperar que haya quien se pregunte qué pasa si la vida no se saborea. Si hubiera alguien que se hiciera esta pregunta, hay que responder que pasar, pasar, no pasa nada,
solo que una vida sin saboreo es una vida sin sabiduría, que ambas cosas, saboreo y sabiduría, son uno y lo mismo.
He creído necesario hacer este inciso de pasada, pero vamos con lo que nos ocupa y digamos que aunque los tiempos nos impongan este modo de vida rico en ajetreo y esacaso en sosiego, si queremos hacer las cosas bien, no hay más remedio que abrir un paréntesis en medio de las prisas para hacer esta tarea de revisión, la cual es muy aconsejable en todos los campos y especialmente en este de la enseñanza. Las ocupaciones que llenan nuestro tiempo son tan variadas como lo es la vida, pero cualesquiera que sean esas ocupaciones, todas ellas necesitan de ser revisadas despacio, o, si se prefiere, con calma. Como cualquier otro quehacer, este de revisar tiene sus exigencias, las cuales determinan los criterios de revisión. Para lo que nos interesa, que es la revisión del curso escolar, señalamos cuatro criterios:
1. El primero es la edad. Es de experiencia común que durante la infancia el tiempo se percibe de manera muy distinta a como se va percibiendo según avanzamos en edad. En la percepción del tiempo intervienen varias causas, una de las cuales es la edad; no es que sea la única pero sí es decisiva. No deja de ser curioso que la percepción del tiempo dependa de los años que llevamos percibiéndolo. El gran salto psicológico para la percepción del tiempo está en el desarrollo del pensamiento abstracto. En la infancia, al no haber pensamiento abstracto, el tiempo no se puede vivir sino en presente porque el presente no puede ser abstracto; el presente, el aquí y el ahora, son siempre concretos.
2. El segundo criterio está en el valor que concedamos a las notas. Vaya por delante que tienen mucho. Las notas, dicho en términos generales, son una medida objetiva y muy ajustada a la verdad del rendimiento académico de la persona. Hacemos bien en darles valor porque lo tienen, pero dicho esto, de inmediato hay que añadir que su valor no es absoluto sino relativo y muchas veces, muy relativo. Las notas son mediciones muy precisas, y en según qué cosas, apurando hasta varios decimales, pero el valor que tienen no siempre es medible porque depende de un buen puñado de factores que escapan a la medición.
Para quien suspende por falta de esfuerzo o tiene notas por debajo de sus posibilidades, la revisión no debe ofrecer ningún problema. Ha suspendido porque no ha trabajado lo suficiente, sea poco, muy poco o nada.
3. El tercer criterio son las motivaciones. Este punto es muy interesante y debemos volver sobre él una y otra vez. Las motivaciones son las causas que van por delante de la acción, abriéndola camino y por las cuales hacemos lo que hacemos. Normalmente no hay una causa única, sino una principal y otras secundarias. Conviene preguntarse qué nos ha llevado a hacer las cosas de una determinada manera, ya que junto a la causa principal se encuentras adheridas -a veces camufladas- otras más o menos legítimas. En cuanto a la revisión del curso escolar, puede parecer que con aprobar el curso ya está cumplido el objetivo, pero ese logro, siendo muy bueno y muy loable, a la vez se queda corto.
4. En último lugar, hacer solo una indicación de tipo práctico por cuanto que la revisión no serviría de nada si se quedara en un mero ejercicio teórico. Al contrario, debe traducirse en medidas de confirmación de lo que se viene haciendo, de mejora o de rectificación. Por lo que respecta al curso académico, esas medidas deberán servir sobre todo para organizarse y hacer bien las cosas en el curso siguiente.
Para terminar creo que pueden venir bien unas palabras que hace cien años también sirvieron como conclusión de una exposición sobre el trabajo escolar, aunque no era el final de un artículo, como en este caso, sino una conferencia titulada “Aprendizaje y heroísmo”, dada en 1915 en la Residencia de Estudiantes de Madrid. Su autor, Eugenio D’Ors, dirigiéndose a los residentes, cerraba así su intervención:
“Todo pasa. Pasan pompas y vanidades. Pasa la nombradía como la oscuridad. Nada quedará a fin de cuentas, de lo que hoy es la dulzura o el dolor de tus horas, su fatiga o su satisfacción. Una sola cosa, Aprendiz, Estudiante, hijo mío, una sola cosa te será contada, y es tu Obra Bien Hecha”.
