fronteras del mundo, al corazón de Europa. Un nuevo viaje internacional, el 46º del pontificado, tras la gran peregrinación al sudeste asiático y Oceanía, espera al Papa en los próximos días: Luxemburgo y Bélgica. Dos países, encrucijadas de la historia del Viejo Continente y centros de las instituciones europeas, donde Francisco viajará del 26 al 29 de septiembre, invitado por los Grandes Duques y Reales, para llevar la palabra sobre los temas de la paz, las migraciones, la emergencia climática, el futuro de los jóvenes.
Sin olvidar cuestiones eclesiales de actualidad, como el papel del cristianismo en las sociedades a merced de la secularización y la indiferencia, la contribución de la educación cristiana (el 600 aniversario de la Universidad Católica de Lovaina, fundada en 1425, es uno de los motivos del viaje), y la lacra de los abusos, muy sufrida en Bélgica, especialmente con el caso del obispo emérito de Brujas, Roger Vangheluwe, de 87 años, destituido del estado clerical el pasado mes de marzo por violencia, incluso contra menores.
Antes que él, muchos otros santos y misioneros sembraron la semilla del cristianismo a lo largo de los siglos en estas tierras, donde hoy hay unos 8.400 católicos en Bélgica y menos de 300 en Luxemburgo. «La secularización es un problema, pero quizá lo sea más el reto del testimonio cristiano en una Europa donde el cristianismo es menos conocido que en el pasado, llena de interrogantes, muchos sin expresar, con una percepción de declive», subrayó Bruni. «Ya hay intentos de responder en este sentido dentro de estas comunidades, que serán alentados por el Papa».
