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Los parientes de Jesús

Por Staff Ora por nosotros

Jesús vivió muchos años en Nazaret hasta el comienzo de su vida pública. Sus relaciones familiares no se reducían a María y José, sino que se extendían a los parientes de ambos. El sistema familiar entonces existente era muy amplio, se aproximaba al sistema de tribus; de hecho cuando se manda el censo deben acudir a la ciudad de David. Cuentan mucho las raíces tribales de cada uno, en este caso la de Judá, que es de donde provenía David diez siglos antes. En la práctica los lazos entre los familares más próximos era muy estrechos, hasta en el lenguaje se llama hermanos a los que nosotros llamamos primos y parientes.

Cuando Jesús se manifiesta en Nazaret como Mesías la sorpresa entre sus convecinos y parientes fue grande, puesto que no habían notado nada extraño o extraordinario en él. Sus familiares tuvieron que tomar posición ante Jesús como Mesías; es muy posible que entre ellos se diese una división parecida a la que se dio entre los demás nazarenos.

Jesús ya tenía fama en toda Galilea y enseñaba en las sinagogas de toda la región, había comenzado a hacer milagros, el Bautista había dado testimonio público de él, cuando por fín llega a Nazaret y en la sinagoga se manifiesta como el Mesías: Llegó a Nazaret, donde se había criado, y según su costumbre entró en la sinagoga el sábado, y se levantó a leer. Entonces le entregaron el libro del Profeta Isaías, y abriendo el libro encontró el lugar donde estaba escrito.

Podemos imaginar el silencio, la atención y el pensamiento de los que estaban allí. Los más mayores le habían visto durante treinta años como uno más junto a sus hijos, nada extraordinario había hecho, ni siquiera había asistido a las escuelas rabínicas más importantes, era un artesano como los demás, era el hijo de José, que había muerto hacia poco tiempo, su madre estaba viviendo en el pueblo. Sus parientes tendrían si cabe una sorpresa mayor que los demás, porque le conocían más. Sabían lo bueno que era, pero nunca les había manifestado nada respecto a su mesianidad, ni siquiera tendencias proféticas, era normal como ellos. Entonces Jesús empieza a hablar y sus palabras les llenaron de estupor, pues dijo: Hoy se ha cumplido esta Escritura que acabáis de oir (Lc 4,21). La conmoción debió ser grande, pues se declaraba el Ungido de Dios, el Cristo, el Mesías anunciado por los profetas.

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