Llegué a la “Jornada del Amor Camino a la Sanación” con un anhelo grande de seguir sanando. Dentro de mí sabía que ya había tenido un proceso de sanación 15 años atrás.
Aunque no lo quisiera una pequeña voz me susurraba al oído diciéndome: “Son altas tus expectativas”. Sin embargo, me pude dar cuenta que esto venía del mal espíritu y decidí poner todas mis fuerzas humanas; sobre todo en la organización de los tiempos como mamá de tres “tiempo completo”,
pues no siempre se dispone de seis horas a la semana para poder tener este espacio de encuentro con el Señor.
Adelanté algunas cosas y le dije al Señor: “si quieres puedes sanarme”.
Creo que muchas veces se me olvida que Él está ahí escuchándome y que como un Padre siempre presente quiere darme lo mejor para mí, aunque duela.
Y digo, aunque duela porque creyéndome ya sanada, encontré que hay heridas en mi vida que aún necesitan ser besadas por el Señor para que sanen realmente.
¿A QUIÉN DEBO PERDONAR?
El segundo día de la Jornada le pedí a Jesús que me ayudara a reconocer a quién debía perdonar.
Me sorprendió que ya un mes y medio atrás en un entrenamiento había ofrecido el esfuerzo por quienes más me han lastimado, todo el cansancio y dolor del ejercicio lo ofrecería al Padre por esa intención.
Y haciendo el enlace con la Jornada, nuevamente el mismo rostro volvió aparecer.
