El viernes 27 de marzo, desde el exterior de la Basílica de San Pedro, El papa Francisco impartió la bendición “Urbi et orbi” extraordinaria, al mundo entero, con una oración universal para derrotar la pandemia de coronavirus y convocó a un rezo mundial del “Padre Nuestro”.
Normalmente, el Papa imparte la bendición Urbi et orbi en dos ocasiones al año: el Domingo de Pascua y el día de Navidad, 25 de diciembre.
Urbi et orbi, palabras que en latín significan “a la ciudad y al mundo”. Eran la fórmula habitual con la que empezaban las proclamas del Imperio Romano.
La característica fundamental de esta bendición para los fieles católicos es que otorga la remisión por las penas y pecados ya perdonados, es decir, confiere una indulgencia plenaria bajo las condiciones determinadas por el Derecho Canónico (haber confesado y comulgado, y no haber caído en pecado mortal).
La culpa por el pecado es remitida por el Sacramento de la Reconciliación (confesión), de manera que la persona vuelve a estar en gracia de Dios, por lo cual se salvará si no vuelve a caer en pecado mortal; la pena debida por esos mismos pecados debe ser satisfecha, es decir, se debe reparar y compensar el desorden introducido por el pecado, lo cual se lleva a efecto por medio de la penitencia impuesta en el sacramento, por medio de otras obras buenas y en último caso, por medio del sufrimiento del Purgatorio.
