Los fieles – catequistas, religiosos, laicos, familias-, los que compartieron su testimonio ante centenares de personas reunidas en la explanada frente a la Pro-Catedral de la Santa Cruz en Vanimo, fueron los destinatarios de las palabras del Papa Francisco, quien tomó como hilo conductor de su discurso las experiencias de misión en una tierra bendecida por maravillas de la Creación, pero, sobre todo, por un pueblo de gente buena que “se manifiesta en la caridad con la que se aman”.
En su tercer día de visita en Papúa Nueva Guinea, segunda etapa del Viaje Apostólico a Asia y Oceanía, el Papa se trasladó en avión de Port Moresby a Vanimo, el puerto y ciudad más poblada de la provincia de Sandau, en la costa noroeste del país. No hubo una celebración litúrgica sino un encuentro con los fieles católicos, que son más de 41 mil de los casi 125 mil habitantes de la Diócesis de Vanimo, un territorio de misión, cuyo obispo, monseñor Francis Meli, se encargó de presentar al Papa con sus virtudes y defectos, pero con una vital y perseverante comunidad católica, siempre en misión.
Un Edén en armonía con el Señor
Nuevamente, Francisco manifiesta la fascinante belleza de esas tierras, ricas en variedad de plantas, aves, colores, sonidos, olores, un “grandioso espectáculo” de naturaleza “que evoca la imagen del Edén” y que invita a vivir en la armonía y el respeto, a ellos que son “expertos” de belleza porque circundados de belleza.
“Esta riqueza se las confía el Señor como un signo y un instrumento, para que ustedes también puedan vivir así, unidos en armonía con Él y con los hermanos, respetando la casa común y cuidándose mutuamente.
Llevar el Evangelio amándose mutuamente
Es así como de la riqueza natural, el Santo Padre se adentra en la naturaleza humana para subrayar que “hay un espectáculo aún más hermoso, el de lo que crece en nosotros cuando nos amamos mutuamente”, y que fue testimoniado por los esposos David y María, quienes compartieron su experiencia en el sacramento del matrimonio, pero también la de llevar la belleza del Evangelio, a veces afrontando largos viajes, para alcanzar comunidades lejanas, a veces dejando sus casas, como lo dijo en su testimonio el catequista Steven. Algo que para Francisco es hermoso e importante pero que podría ser mejor con la participación de todos los fieles.
Una misión ininterrumpida
“Como hemos escuchado – dijo Francisco ante una las casi 21 mil personas presentes en la explanada-, desde mediados del siglo XIX, la misión en estas tierras nunca se ha interrumpido. Religiosas, religiosos, catequistas y misioneros laicos nunca han dejado de predicar la Palabra de Dios y de ofrecer ayuda a los hermanos en la atención pastoral, en la instrucción, en la asistencia médica y en muchos ámbitos más, debiendo afrontar no pocas dificultades, para ser instrumentos ‘de paz y de amor’ para todos.
Una reflexión que el Papa toma del testimonio de sor Jaisha Joseph y que constata como la difusión de escuelas, hospitales y centros misioneros que “testimonian a nuestro alrededor que Cristo vino a traer salvación para todos”, en beneficio del bien común.
