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¿FUISTE UN NIÑO EDUCADO CON VIOLENCIA?

Por Staff Ora por nosotros

Educar a los hijos para auto-controlarse y comportarse adecuadamente es una parte integral de la disciplina. Los padres guían al niño para que sepa cómo manejar sus emociones y conflictos de manera que favorezca la sensatez y la responsabilidad, además de la autoestima, dignidad e integridad física y psicológica del niño.

 Sin embargo, con demasiada frecuencia, los métodos educativos se basan en el uso de la fuerza física o la intimidación verbal. En muchos casos, no es una decisión meditada sino simplemente la consecuencia de la frustración o enfado de los padres o la falta de conocimiento de métodos educativos no violentos. 

Según la UNICEF  en un artículo sobre ¨Violencia como método disciplinario en la infancia¨, la disciplina física, también conocida como castigo corporal, se refiere a “cualquier castigo que incluya el uso de la fuerza física con la intención de causar cierto grado de dolor o malestar, por leve que sea, como por ejemplo, pegar a los niños, bien con la mano o con el uso de algún objeto. 

Otros métodos de disciplina se basan en la violencia psicológica, lo que incluye prácticas como la agresión verbal, amenazas, intimidación, denigración, ridiculización, culpa, humillación o manipulación para controlar a los niños. Ambas formas de disciplina violan los derechos del niño y tienden a ocurrir de manera conjunta, exacerbando el daño al niño tanto a corto como largo plazo. 

El daño depende de la naturaleza, el grado y la severidad de la exposición a la violencia por parte del niño y puede abarcar desde impactos inmediatos hasta daños perjudiciales a largo plazo con consecuencias incluso en la edad adulta. Estos daños pueden resultar en la muerte o perjuicios graves.  

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¨Dicen que el primer paso es el más difícil porque se trata de aceptarlo, y para la gran mayoría de los que hemos pasado por ahí no es fácil esa aceptación.¨, destaca  en un artículo Emma Sánchez, pedagoga y asesora de formación familiar, comparte 3 premisas que le  ayudaron a reconocer, aceptar y salir de este ciclo de violencia.

1 Nuestros padres hicieron lo mejor que pudieron con lo que tenían a mano para criarnos.

Si ellos eran violentos, lo más seguro es que ellos también fueron agredidos por sus padres u otros adultos, ellos salieron adelante e hicieron lo que aprendieron a hacer para resolver.

Cuando nosotros ya nos damos cuenta de lo que sucedió, lo que nos dolió o el daño o traumas que tenemos a consecuencia de esa crianza, ahora ya es nuestro problema y no el de nuestros padres.

2 Cuando dejamos de buscar culpables, liberamos a nuestros padres de su carga

Finalmente, cuando nos hacemos viejos nos vamos dando cuenta de todos nuestros errores y que las consecuencias nos alcanzan, entonces viene esa maravillosa etapa: perdonar a nuestros padres y perdonarnos a nosotros mismos.

¿Cómo es eso posible?

Sencillo, perdonar a nuestros mayores retira la culpa de toda la ecuación y un proceso muy importante de sanación inicia. Perdonarnos a nosotros mismos nos libera también de la culpa que pudimos generar por no haber sido el hijo que nuestros padres querían, porque creímos que merecíamos o necesitábamos esos castigos o que inclusive llegamos a creer que éramos malas personas.

Imagina esto:

Niños que han recibido los peores abusos de parte de sus padres, nunca dejan de amarlos, pero dejan de amarse a sí mismos pues llegan a creer de todo corazón que ellos son tan malos que merecen el desprecio y maltrato de quienes los engendraron.

Y así vamos por la vida sufriendo y haciendo sufrir a muchos más. Perdonarnos nos libera, nos sana y nos prepara para seguir adelante más ligeros, tranquilos y con una nueva actitud hacia la vida.

3 Rompiendo el ciclo

Una vez que nos volvemos conscientes de lo que nos ocurrió,  podemos comenzar a aprender nuevos patrones de crianza  y de relación de pareja, más respetuosos, reflexivos y realmente fundamentados en el amor.

Si estás en alguna fase de este proceso interno y te sientes “atorado” en algo o de alguna manera, te invito a acercarte a algún profesional, ya sea un psicólogo, terapista e inclusive a un guía espiritual o religioso.

Habla con tu pareja, habla el tema con tus padres inclusive, habla con tus hijos y reflexiona junto con ellos si sientes esa necesidad.

Hace más de 40 años mi padre buscó y viajó miles de kilómetros para hablar con su madre, una anciana en sus ochentas,  hubo muchas lágrimas pero hubo respuestas, entendimiento, amor, pero sobre todo: perdón y sanación para cuatro generaciones vivas.

Trata a tus hijos con tal respeto y amor,  que cuando alguien los maltrate, desconozcan ese trato y lo rechacen

Saberse amado y vivir en un ambiente cálido, sana y fortalece a las familias, nuevas generaciones de niños surgen y son la verdadera esperanza de un mundo sin violencia.

Fuentes: Violencia como método disciplinario en la infancia UNICEF consultado el 3 de Junio del 2020.

Familias. com ¨La raíz de la violencia en la pareja se forma en la primera infancia¨consultado el 3 de Junio del 2020. 

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