“La oración es mucho más que rezar, la oración es también contemplar y meditar en silencio, pensar los misterios de Dios”, expresó ayer el arzobispo de Yucatán, monseñor Gustavo Rodríguez Vega, en la misa patronal de Nuestra Señora del Carmen en la iglesia parroquial dedicada a esta advocación mariana en Mérida.
También se puede orar sin hablar, dijo el prelado. “Alguien decía que orar es pensar en Dios amándolo”.
En el Nuevo Testamento, a los pies del Monte Carmelo fueron unos hombres para dedicarse totalmente a la contemplación, los monjes contemplativos, para estar bajo la protección de la Santísima Virgen. “No hay persona más contemplativa en la historia de Israel y de la Iglesia que la Santísima Virgen María”.
Fue así que la Virgen tomó el nombre de Nuestra Señora del Monte Carmelo, Nuestra Señora del Carmelo o Nuestra Señora del Carmen.
Aseguró que nadie puede avanzar tanto en las cosas de Dios si no medita su voluntad. “María no entendía muchas cosas que estaban sucediendo en torno a su embarazo, el nacimiento y la infancia de su Hijo, pero dice el Evangelio que ella guardaba esas cosas y las meditaba en su corazón, “en otra palabras, María era una mujer contemplativa”.
El prelado subrayó que la Madre de Dios dejó una bella oración que en la Iglesia se reza todos los días: el Magnificat. También dejó la herencia de la oración que pronunció Zacarías, el papá de Juan Bautista, cuando recuperó el habla y dijo: “Bendito sea el Señor Dios de Israel porque ha visitado y redimido a su pueblo”
