Bienaventurado Isidro, que habitas hoy la celestial morada en justo premio de tu singular
piedad, caritativo celo y santidad de vida, sin que para practicar dichas virtudes fueran
obstáculo las ocupaciones a que tenías que dedicarte para ganar el necesario sustento,
tanto para ti, como para tu venerada esposa, te suplicamos que seas nuestro intercesor
para con el Altísimo, a fin de que este divino Señor se apiade de nuestras miserias y por
un acto de su infinita bondad, nos conceda vivir en paz en esta vida, y que gocemos en la
otra las eternas delicias de la gloria. Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.
