Paciencia es una virtud que consistente en soportar con resignación infortunios, trabajos y ofensas, sin lamentarse.
La palabra paciencia es de origen latín, proviene del verbo “pati” que significa “sufrir”, por lo tanto, la paciencia se ve reflejada cuando una persona soporta en silencio situaciones desagradables.
Según el filósofo y científico, Aristóteles, la paciencia es aquella que permite al individuo sobreponer a las emociones fuertes generada por las desgracias o aflicciones.
En virtud de ello, se puede decir que la paciencia está ligada con la personalidad madura, educada y humana de un ser humano ya que faculta al ser humano a ser atento, saber escuchar, hablar y ser cuidadoso en cada una de las acciones y decisiones a tomar.
El Job de cada día
En la historia de Job en la Santa Biblia. Él es el paciente por antonomasia. A él lo citamos siempre que queremos hablar de una paciencia fundada en la confianza en Dios, que es bueno. Esa confianza que se llama esperanza y que es una virtud. Se es paciente porque se tiene esperanza. Si se ha perdido la esperanza sobrenatural, entonces no se llama paciencia, se llama fatalismo y está lleno de amargura y desilusión. Job era un hombre que estaba seguro del amor de Dios.
¿Cómo se logra ser paciente?
Ser pacientes y no perder la tranquilidad ante las malas noticias o acontecimientos dolorosos.
No ocultar a los hijos lo duro y lo difícil de las cosas porque les darían una visión falsa de la vida, pero también sepan mostrar lo positivo y placentero.
No dejar que sus hijos se hundan en la autocompasión ni que abandonen un compromiso tan sólo porque les ha ido mal.
Enseñar a sus hijos a controlar sus arrebatos y enojos.
Cuando muera un ser querido, expliquen a sus hijos qué es lo que creemos de los muertos para que no se pongan tristes como los que no tienen esperanza, como dice san Pablo.
Fuente: Desde La Fe; www.significados.com
