La rivalidad entre hermanos es inevitable, es natural como la vida misma, es una relación de amor-odio, competencia, por el cariño de los padres y también hay envidias y celos, porque uno tiene lo que el otro no. Esto es parte del crecimiento, la rivalidad sana puede ser formativa si los padres mantienen un modelo de justicia que permita a los hijos a superar su rivalidad y manejarla de forma positiva.
Es muy importante que los padres, no contribuyan a la rivalidad entre hermanos con comparaciones o poniendo más atención a uno de los hijos, para que no se lleve este mal manejo a su vida adulta. El gran peligro es que esa rivalidad llegue a durar varios años o toda una vida, afectando a los seres queridos.
¿Qué se debe de hacer?
1.- No señalar al hijo del que no estamos de acuerdo con su postura.
2.- Que los hijos involucrados, hagan una lluvia de ideas y soluciones posibles y delegar en los hermanos la solución final.
3.- Por ningún motivo aceptar soluciones en las que exista agresión física, verbal o la imposición de la fuerza.
4.- De ser necesario, un castigo tiene que estar relacionado con la acción que se quiere corregir, no quitar privilegios que no están relacionados con ese hecho.
5.- No utilizar el chantaje emocional para solucionar el conflicto.
