Hoy se celebra a San Isidro Labrador, patrón de todos los labradores, pero también de la ciudad de Madrid.
San Isidro de Merlo y Quintana nació en el Madrid de 1082, en los tiempos del dominio musulmán de la Península Ibérica. Su origen era humilde, por lo que tuvo que empezar a trabajar de labrador cuando todavía tenía 10 años. San Isidro llegaba siempre tarde a su trabajo, porque tenía la costumbre de comenzar el día rezando. Eso le costó la fama de vago y holgazán. Algo que no pasó desapercibido para su patrón, que un día en una ocasión se encontró a los bueyes arando por su cuenta mientras Isidro se encontraba en el templo.
El joven labrador se casó con Santa María de la Cabeza y la casa del matrimonio era el escenario de una reunión anual, en la que invitaban a comer a los más pobres de la ciudad. Un año, la noticia de que allí se podía comer gratuitamente se propagó tanto entre los pobres de Madrid, que el número de asistentes superó con creces las expectativas de Isidro y María, por lo que la comida se acabó en un abrir y cerrar de ojos.
Sin embargo, Isidro le dijo a su mujer que siguiese repartiendo comida. María fue a la olla para verificar que -efectivamente- la comida se había acabado. Pero cuando se asomó al puchero se dio cuenta de que volvía a estar completamente lleno. Este evento es lo que se conoce como “la olla de San Isidro”.
En total, a San Isidro se le atribuyen más de 500 milagros. Y este que se ha mencionado no es, ni de lejos, de los más importantes. Si dice que fue capaz de resucitar a la hija de su patrón, Iván de Vargas; que pudo sanar a los enfermos y que su cadáver se mantuvo integro e incorrupto hasta mucho tiempo después de su muerte.
