Cada 7 de marzo, la Iglesia Universal celebra a estas santas, mártires de la fe en Jesucristo, ambas nacidas en Cartago en el siglo II. Estas dos mujeres extraordinarias entregaron su vida con valor inusitado, ese que solo es posible cuando el amor y la fe son muy grandes. Las dos mujeres fueron testimonio evidente de que la confianza en Dios es capaz de producir milagros.
Estando en una situación de absoluta vulnerabilidad, las mártires se aferraron a la Gracia divina y no temieron ni al dolor ni a la muerte. Con ellas, la Iglesia exclama ¡Dónde está, muerte, tu victoria!
Perpetua fue una joven perteneciente a una familia rica e influyente de Cartago que se había convertido al cristianismo, gracias a la predicación de un santo diácono de nombre Saturo. Acusada ante las autoridades imperiales de profesar el cristianismo, fue arrestada junto con su esclava Felicidad (Felícitas), y otras tres personas más, todas sirvientes de su casa. Felicidad, siendo esclava, era cercana en edad a Perpetua y había entablado con ella una auténtica amistad. La conversión de su señora le abrió también a ella las puertas de su propia conversión. A través de Perpetua conoció a Jesucristo y gracias a Él el sentido de la verdadera libertad. Las dos amigas ahora se reconocían cómo hermanas, hijas de un mismo Dios.
FUENTE.- ACIPRENSA.COM
