Mi nombre es Bill y soy alcohólico”. Una frase mítica y el camino hacia la libertad se abrió delante de sus ojos el es Bill Wilson, fundador de ‘Alcohólicos Anónimos’.
Han pasado ya cerca de 80 años desde que Wilson se dio cuenta de que el alcoholismo podría curarse ayudando y recibiendo el apoyo de otras personas con el mismo problema: la terapia de grupo.
Wilson, marcado por el abandono de su padre, también alcohólico, y posteriormente de su madre, no logró huir de los brazos del alcohol que durante muchos años le acunó entre sus garras y le envió en varias ocasiones al hospital.
Esta adicción le llevó a participar en diferentes grupos de ayuda como el de Oxford o el de Washington. Pero ambos grupos fracasaron debido “a que sus carismáticos y dominantes líderes estaban involucrados en campañas sociales y políticas”.
En 1935 y tras diversas recaídas, Bill Wilson se dió cuenta de que cuando hablaba con otros alcohólicos y compartía experiencias con ellos se olvidaba de la bebida. La más conocida de estas charlas fue la que mantuvo con el doctor Robert Smith el 10 de junio. De ella nació la famosa organización.
Aunque los comienzos fueron algo difíciles, la asociación se vio finalmente impulsada gracias, entre otros, a la publicación del libro que da título a la organización y a la ayuda monetaria aportada por John D. Rockefeller Jr., cuya cuantía resultó moderada para impedir que el dinero pervirtiese los objetivos de ‘Alcohólicos Anónimos’.
Los 12 pasos de AA
- Admitimos que éramos impotentes ante el alcohol y que nuestras vidas se habían vuelto ingobernables.
- Llegamos a creer que un Poder superior a nosotros podría devolvernos el sano juicio.
- Resolvimos confiar nuestra voluntad y nuestra vida al cuidado de Dios, según nuestro propio entendimiento de Él.
- Sin temor, hicimos un sincero y minucioso examen de conciencia.
- Admitimos ante Dios, ante nosotros mismos y ante otro ser humano la naturaleza exacta de nuestras faltas.
- Estuvimos enteramente dispuestos a que Dios eliminase todos estos defectos de carácter.
- Pedimos a Dios humildemente que nos librase de nuestras culpas.
- Hicimos una lista de todas las personas a quienes habíamos perjudicado, y estuvimos dispuestos a reparar el mal que les ocasionamos.
- Reparamos directamente el mal causado a esas personas cuando nos fue posible, excepto en los casos en que el hacerlo les hubiese infligido más daño o perjudicado a un tercero.
- Proseguimos con nuestro examen de conciencia, admitiendo espontáneamente nuestras faltas al momento de reconocerlas.
- Mediante la oración y la meditación, tratamos de mejorar nuestro contacto consciente con Dios y le pedimos tan sólo la capacidad para reconocer su voluntad y las fuerzas para cumplirla.
- Habiendo logrado un despertar espiritual como resultado de estos pasos, tratamos de llevar este mensaje a otras personas y practicar estos principios en todas nuestras acciones.
Fuente: AA/ Al-Anon.
